Escudo de armas

Escribí este poema hace muchos años, cuando estaba leyendo mucho a Vicente Quirarte, así que se lo dediqué. No sé exactamente cómo es que me acordé de este texto en estos momentos.

Invitemos a las armas
a entregarnos sus filos
a nuestra piel a recibir
su látigo reflejo.
Porque son las heridas
esperado metal de nuestra celda,
serán las cicatrices el anuncio
la luz en advertencia que habrá de mantener
atento nuestro horario,
aparte nuestro insomnio de toda mascarada.
Nadie puede evitar que las tinieblas
acudan al banquete con sus mejores velos,
que erijan en la mesa sus muros, sus obstáculos.
Por eso,
para estas honduras de la noche,
sería mejor abrigo para los comensales aceptar
lo que lentamente oxida nuestro escudo
como el mejor aviso de nuestra próxima derrota.

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