Dar nada

No le vuelvo a dar nada. Rien de rien. Como dijera mi padre, ni madre. Eso me digo y voy saliendo a hacia la calle creo que cierro la puerta, me acelero ahí viene la vecina sí se puso lo que me gusta mira qué chido. Y su hermana está mejor y en la escalera recuerdo que la neta sí esta vez ya no le voy a dar nada y ay no mames que pendejo las llaves del carro no las traes deja ver en la bolsa de atrás ni de adelante ah qué pendejo las tienes en la mano y será que ya llegaste abajo y volteas a ver si ya prendieron su luz las dos hermanas y se pusieron a brincar en la cama y tú llegas al carro te sientas al volante y las contemplas con la luz encendida sacarse el suéter y que se les suba fugazmente la camiseta. Ponle que hasta te sonrieron. Encendiste el carro, hundiste con suavidad el pie, avanzaste. Se te olvidó que no le ibas a dar nada.

2 comentarios en “Dar nada

    • ¡Gracias por tu comentario! En efecto, eso es justamente lo que intentaba hacer. No tenía otro sentido el texto que volcar un poco de lo confuso y extraño que puede ser el pensamiento de cualquiera en un momento dado. Es algo que me apasiona tanto desde el punto de vista de lo sicológico como de lo narrativo. Gracias por tu visita.

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