Desayunando

Cuando veo esas escenas típicas del dasyuno con jugo de naranja, dos huevos estrellados con sus frijolitos al lado y la taza de café con pan dulce, se me antojan, de veras. Luego recuerdo la sentencia de que debes desayunar bien todos los días porque el desayuno es la comida más importante del día y me da un poquito para abajo porque mis desayunos a veces parecen miserables comparados con esas escenas. Soy chistoso, o sea, no siempre me da la gana desayunar lo mismo y además me da por temporadas. Actualmente tengo más o menos tres ciclos (bastante largos además) que se alternan: el del café con la barra del Bran-frut o “galleta del desayuno”, el desayuno con cereal que compro del otro lado, y el del yogurth a solas. Los huevitos estrellados con tocino son más bien infrecuentes, y, como compro los huevos estrellados en paquetitos, termino esforzándome por acabármelos antes de que, según yo, se echen a perder. Hay días que de plano ni desayuno, simplemente no me da hambre. O me hago un té, jejeje.

O sea, como que esa rutina del desayuno no se me da. Se me hace como que el dasyunar debe ser algo muy disfrutable (la primera comida del día) y, por lo tanto, muy dependiente del momento en el que yo esté. Acostumbrarme a desayunar algo específico no se me hace una buena idea…

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